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Tengo derecho a elegir!!!!

El derecho a la preferencia sexual

 

El movimiento por la libertad sexual ocupa un lugar privilegiado en la Constitución: “Se prohíbe la discriminación de las personas por razón de sus preferencias”.

Toda persona, hombre o mujer, es libre de elegir su orientación sexual. La discriminación sexual está prohibida. Si un hombre o una mujer prefieren una relación sexual con otra persona de su mismo sexo, tienen todo el derecho, los demás deben tolerarlo y el Estado tiene el deber de garantizarlo.

Esta es una historia de discriminación que, aunque parezca irónica, es la triste realidad.

Un domingo, pepito platicaba con su papá:

– ¿Por qué hay dos hombres besándose?

– Hijo, esas personas están enfermas.

– No lo creo. Se ven muy sanos…

– Mira, hijo, ¡la conducta de esos jotitos está mal! Lo normal es que un hombre bese a una mujer.

– Entonces, papá, ¿por qué me besas?

– Es diferente, hijo. Es un cariño de padre. Cuando te hagas hombrecito, vas a “preferir a las mujeres”.

– Yo creo que esos hombres, mientras no me molesten, tienen todo el derecho de estar juntos. Míralos, papá, se quieren más que tú y mamá…

– Hijo, por ahora lo único que debes saber es que esa conducta es anormal.

– Si tú lo dices, papá…

El niño creció. Se hizo hombre y eligió libremente como pareja a otro hombre. Un día tuvo una plática:

– Papá, paco y yo somos novios…

– No estés bromeando, hijo.

– Si no lo aceptas no me importa, pero respeta mi forma de vida.

– Pero, hijo, eso está mal.

– Mal según quién… ¡Según tus prejuicios o según tus fobias!

– No es natural, hijo.

– Mira, papá, lo anormal es tu matrimonio. Los dos son infieles entre sí…

– Pero, hijo, por lo menos tenemos relaciones normales.

– Mira, papá, el ser homosexual no es un delito. Es un derecho de preferencia sexual.

– ¿Quién dice?

– Todo el pueblo de México.

– ¡Estás loco, hijo!

– Mira, papá, si lees la Constitución encontrarás que “toda persona tiene derecho a no ser discriminado por sus ‘preferencias’, entre otras las sexuales”.

– ¿Y eso qué?

– Para empezar, “no tienes derecho a decirme ‘muerde almuelas’, ‘sopla nucas’ u otro calificativo grosero”… Soy una persona con dignidad.

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– En segundo lugar, el que elige mi orientación sexual soy yo, no tú.

– Y, por último, desde la Constitución no hay homosexuales, heterosexuales, transexuales o cualquier otro categoría… Sólo hay personas con preferencias diferentes y con todos sus derechos…

Años más tarde, pepito comenzó su lucha social. En realidad, él no tenía ningún interés, pero los actos discriminatorios lo obligaron a defender su dignidad humana.

Un día lo arrestan porque está vestido de mujer. El policía le dice:

– “El que parece lo es”, dice mi jefe, el alcalde, y por eso te vas al tambo.

– Oye, ¿por qué?

– Tú forma de vestir va en contra de la moral.

– ¡Yo soy libre de vestirme como quiera!

– Pero, pepito, alteras el orden público.

– Señor policía, ¿Usted cree que por mi forma de vestir, existe un riesgo para los demás?

– Pues no, pero al rato todos van a querer ser como tú.

– Mire, oficial, si alguien quiere o no ser, es su libertad… ¡O nos van a matar como los nazis!

– Por lo pronto, te vas a la cárcel.

Otro día lo despidieron de su trabajo. Su jefe le dijo:

– ¡Ya no formas parte de esta empresa!

– Pero, jefe, si soy el mejor.

– Mira, en realidad, te vi el domingo besándote con otro hombre. ¡Eso no lo puedo tolerar!

– Pues yo también lo vi con alguien que no era su esposa. ¡Eso sí es delito!

– Pues sí, pepito, pero yo soy el dueño.

– Por ser diferente, no tienes el derecho de despedirme. ¡Vas a perder el juicio laboral!

Para colmo, el día que pepito fue a un balneario a nadar, una persona le dijo:

– “Se prohíbe la entrada a perros y homosexuales”.

– ¡Estas loco! Como lugar público, tengo todo el derecho de entrar.

– ¡No ves el letrero!

– Y tú no ves que la Constitución dice que está prohibido afectar mi derecho de libre acceso a lugares públicos por ser homosexual.

– Será lo que sea, pero tú no entras.

– Voy a demandarlos.

– Haz lo que quieras, pero hoy no entras…

Las tres palabras

El derecho: Toda persona tiene libertad de elegir su preferencia sexual.

La obligación: Nadie puede tratar diferente a alguien por su preferencia sexual.

La garantía: El Estado debe: 1) Abstenerse de afectar los derechos de una persona por su preferencia sexual; y, 2) Establecer instrumentos a favor de las personas discriminadas para que gocen de sus derechos.

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